viernes, julio 28, 2006

Densidades



¿Cuál es nuestro primer recuerdo?. ¿Qué factores determinan que un instante
quede grabado permanentemente en nuestra mente, y de la misma manera, qué
hace que algo caiga en el olvido?.
Fotografío este atardecer hermoso. O es acaso él quien me fotografía a mí?
Atrapo sus isobaras de oxígeno hirviente y me pienso, encontrada, crecida,
poseedora de algo que haga que me reconozca.

En mí, entre lo ingenioso y lo vulgar, apenas hay un paso de distancia.
Desconozco lo que es el equilibrio, el punto intermedio.
¿Qué quiero decir con esto?. No lo sé. Tal vez sea una advertencia.

¿De qué estoy hablando?. Creo que no hay orden ni sentido en lo que
escribo.

Sí......yo misma; soñadora voluntaria de pesadillas múltiples
asesina nata de lo banal,
buscadora de calor,
pero intensamente vacia,
ataco la noche cerrada de esta inmensa naúsea
de negro definitivo
...te busco?
apenas puedo respirar bajo todo este agua de yoes inútiles
y, sin embargo, hace un instante
he visto a La Belleza,
surgiendo con lentitud
en la pregunta pálida y silenciosa de la luna
...me buscas?
......................................al menos quédate

3 comentarios:

Danann dijo...

Soy animal de invierno, frío, lluvia y tierra mojada. Pero reconozco que a medida que pasa el tiempo el invierno se me antoja de puertas para adentro, mientras que los días (y noches) de verano se presentan llenos de preguntas en atardeceres con aroma a mar. Y esas preguntas no tienen respuesta bajo la luz de los faroles en paseos de madrugada. ¿Que tiene que ver todo esto? No lo se, solo se que tus densidades me han hecho pensar en la libertad de quien se pregunta y, lo sepa o no, acaba encontrándose. Estar vacío es mucho más peligroso que caerse periódicamente a un lado u otro de la vulgaridad o el ingenio. Y si es necesario, arrójate, si el lado es el equivocado, el regreso lo compensará.

HoscuraH dijo...

Añoro ese mismo agua.
Ansío envolverme en un enorme y mullido jersey.
Pasear oliendo a otoño en mitad de un parque apenas poblado.
El Juan Carlos I.
Su extraña belleza nuclear.
Andar, andar, andar...Y notar los pies livianos, el alma humedecida.
Y aunque los ropajes agostados se me deshagan a veces sobre la piel,
sigo calzando las Botas de siete leguas.

Si encuentras una tormenta despistada cuélgamela un rato sobre las sienes.
Prometo arrojarme.

antona dijo...

asesina nata de lo banal..


me encanta,muy bueno
salu2