
A veces me sucede. Me sumerjo en un silencio denso y oscuro que me enclaustra. A veces me pasa. La sucesión de llamadas al móvil. La cadena de mensajes titilando imparables en la pantalla. Mi gesto huidizo. Entonces solo queda hundir su pequeña anatomía en uno de los laterales del sillón y esperar otro latigazo sobre los párpados y la conciencia mientras mi cena naufraga sobre el mantel.
Mis ojos, entonces, recorren cada esquina de La jaula.
Contemplo los barrotes, los paisajes, los nombres, las texturas que se suceden.
Alargo los dedos.
Rozo palabras temblorosas.
Esta era yo
Esta era A.
Una suerte intacta de mí misma parece que me acaricie desde el otro lado.
Creo escuchar mi nombre vibrar en el fondo de mi boca.
Lato.
Me aferro a esa sensación desmembradora pero breve.
Casi mínima.
Y el pulso vuelve a diluirse.
Se va.
Aterrado.
Y todo se recoloca cadavéricamente en mí.
Quizás me haya olvidado de cómo se hace: tocar.
Del cómo se deletrea a alguien cuando aún pronuncias erradamente tu propio nombre.
Quizás sea tarde. No lo sé.
…
Las apuestas corren y, a veces, deseo tan sólo eso: la comodidad del contemplarlas y narcotizarme en su espera.
Pero lo estéril sabe fangoso.
Y aunque frunza los labios mi alma se humedece a escondidas.
Nunca ha dejado de hacerlo.
Ni en mitad de esta asfixia sincopada.
Sin embargo, a veces sucede. Pasa. Sí, a veces pasa. Y estalla. Y explota. Sobrepasando esa brevedad que hace que no pueda pararlo.
Y, en mitad del barro surge, nuevamente, la luz. En mitad de una línea de horizonte transparente. Atravesando mis manos agujereadas. Desde un rincón tenue sumido en la penumbra. Desde un cajón olvidado. Desde una instantánea lejana. Desde un punto remoto de mis coronarias. Desde un trazo. Desde un sonido. Desde el escondite secreto de una palabra que irrumpe nueva en mis labios. Desde una suposición. Desde un otro que paciente sigue y sigue. Desde una sombra cálida.
Algo brilla.
Algo cambia en las retinas y en la dermis.
El viento se huracana.
Libre.
Inalcanzable,
y sin embargo, por un instante, nos nombra a la vez
...
P.D: publicar por segunda vez esto carece de su emoción originaria, pero no entiendo el arrancar hojas de este diario. A los que comentaron perdonadme. Tampoco os puedo devolver ese momento.
