martes, noviembre 08, 2011

Marginalia


1637. Pierre de Fermat escribía en el margen de su copia del Arithmetica de Diofanto:

Es imposible descomponer un cubo en dos cubos, un bicuadrado en dos bicuadrados, y en general, una potencia cualquiera, aparte del cuadrado, en dos potencias del mismo exponente.
He encontrado una demostración realmente admirable, pero el margen del libro es muy pequeño para ponerla.



Fermat se quedó sin papel
Y optó por callarse.
Descubrió una verdad nueva entre los intestinos de un bicuadrado pero no tenía sitio.
Toda una legión de matemáticos intentaría resolver durante siglos aquella diabólica elipsis de información.
Leonard Euler.
Sophie Germain.
Meter Gustav Lejeune.
Adrien-Marie Legendre.
Ernst Kummer.
No sería hasta 1995 cuando Andrew Wiles publicó la demostración definitiva del teorema, 358 años después de un viaje hacia las Tierras Invisibles de los Márgenes.


Sospecho que el proceso se repite y que las mejores cosas suceden muchas veces en los márgenes de nuestra Vida, mientras reecribimos una y otra vez la misma página.
Nos empeñamos en situaciones, en trabajos, en personas, en rutinas permutadas de comportamiento que, aún siendo estériles, nos las sabemos de memoria y, por tanto, son jodidamente cómodas.

Para compensar, nos permitimos cíclicamente la Llantera Ilusionante.
Pulsamos el mp3, revisamos fotos, y hacemos bandera de todos los podría haber sido con una horca de canciones tristes presionándonos la carótida.

Pero nada cambia.

No hay catarsis.
Tras la enésima declaración de principios lanzada al viento
el arcén selvático sigue su ninguneado curso,
feliz y ausente de toda pretensión urbanística
mientras aquí, en el asfalto bien peraltado, se juegan prórrogas de matrimonios, se edifican amistades agostadas, se cimentan terapias narcóticas y se adormece la duda.
Justo eso.
Adormecer la Duda.
Porque en los márgenes de tu Vida no hay nada seguro, nada aparentemente cierto, nada testadamente sólido, ninguna ecuación está despejada pero todo goza de la salubridad del hierbajo espontáneo. Esa brizna verde y eléctrica que no aspira a nada y que simplemente está.

Recuerdo que una de las primeras lecciones de Conformismo que aprendimos fue que los hierbajos, las malas hierbas, impedían el crecimiento de las otras plantas.
Esas otras se referían a las buenas. Esas buenas estaban asociadas a flores y frutas y estas, a su vez, a una suerte de bondad, belleza y sublimación de la expresión de la Vida, de las que los hierbajos estaban absolutamente desposeídos.
Las malas hierbas se debían arrancar para que las buenas plantas crecieran.
Las malas hierbas ni siquiera tenían nombre.
Eran una especie de tribu quadrophénica dispuesta a sembrar el caos fotosintético si un providencial ejército de camelias y rosas de té no se lo impedía.

Hoy, pocas cosas me resultan más hermosas como un campo de plantas y hierbas desbocadas.


Pero necesitamos el control y la terrible noticia es que habitamos un universo de geometría variable donde no hay carretera obligada ni mando finalmente útil.
El Camino mayúsculo y excluyente no existe.
Conviene que exista.
Pero no existe.
Esos instantes donde nos creemos perdidos no son tanto que se nos haya diluido la senda como que estemos más que nunca lastrados a ella y, por ende, desdibujados nosotros mismos.


No hay Una Ruta de baldosas amarillas.
No existe La dirección adecuada


                                                                                                                                  sólo musgo escondido,
deseando ser descubierto.


                                                                                                                                                                                                                                     

sábado, octubre 01, 2011

El sótano en mí



Los secretos.

Pero no,
no aquellos que se cuentan cómplices con voces quedas
y en la penumbra de dos que se comparten.
No esos.
No.

Los secretos lacerantes que crecen como gusanos.
Esos rincones podridos que, apartados o vivos aún, parasitan un esquinazo de tu alma.
Los latentes.
Los autoinmunes.
Los que nadie sabe.
Los no confesos.
Los golpes dados.
Los recibidos.
Las mentiras.
Las mentiras ciclópeas y obesas.
Los abusos.
La violencia.

La mierda.


Porque esos secretos,
Esas úlceras de silencio
Termitean sin descanso.
Horadan tu alma hasta convertirla en un colador de miedo y culpa.

No sé en cuántos de nosotros habitan.
Intuyo que en miles.
Sospecho que en todos.


Puedo contemplar el maquillaje perfecto de una mujer en un vagón de Metro.
El perfilador delineando matemáticamente la elíptica de sus ojos.
El tenue rubor de sus mejillas.
La ropa perfectamente conjuntada.
La apariencia de que todo anda bien allí,
En ella.
Puedo luego dirigir mi mirada al hombre dos asientos más allá.
El nudo de su corbata sosteniéndole el aliento en un rictus casi apnéico.
La chaqueta recién estrenada.
El ipod retumbando suave en sus oídos.
Y todo parece estar bien,
En él.

Como en mí.


Pero quizás allí habita igualmente.
El Gusano de lo Oculto.
De las lágrimas que no rompen.
De los chillidos que no salen.
De la cicatriz infecta que no huele.
Que no apesta.
Que no se ve.
De un recuerdo que se permuta una y otra vez,
Una y otra vez,
Y no para,
Y no descansa.

Seres de almas amoratadas
paseando su carcasa por un mundo impàvido y ausente
que no quiere enterarse de nada.
Que no, que no me cuentes.
Que todo siga bien.
Que todo está bien.

Y nada lo está.

La mujer se remueve sutilmente en su asiento.
Quizás un recuerdo,
Una imagen surgida por la causa más impensablemente inconexa para el resto.
Le altera.
Le provoca la naúsea.
Le desata el pánico.
Y yo soy testigo muda de su dolor,
De la hecatombe silenciosa de su alma.
Desde mi desconocimiento más absoluto.
o mi reconocimiento más certero.

Se autodigiere una y otra vez.
Jamás habló de eso
Pero ahí está,
Delante de mis narices
Mientras recorremos una estación tras otra,
Una mentira tras otra.
Todos.


La miro,
Me mira,
Soportamos el envite.
Sólo quiero entenderla y ser entendida,
Que acerque su mano hacia ella misma y sienta
Que en realidad
No hay tal marca.
Que la piel sigue intacta bajo las mandíbulas batientes del Gusano.
Allí están, limpias,
las palabras nuevas,
las risas centelleantes,
el músculo.
Está ella
Y él,
Y tú,
Y yo.


Y quiero decirle que queda Todo.

Inyectarse ese Todo en las cicatrices

Y vivir.

sábado, septiembre 24, 2011

Pecados capitales (VII). Gula.

Gula.
       (Del lat. gula).
1. f. Exceso en la comida o bebida, y apetito desordenado de comer y beber.


Según estudios realizados, se encontró que el chitosán trabaja un 55% mejor que cualquier otra fibra en atrapar y eliminar las grasas del tracto gastro-intestinal.

Según mi hambre, el estudio apesta.

Nutrigenómica.
Nutrigenética.
Come despacio y lento.
Bebe mucha agua.
Come carbohidratos complejos.
La piel haciendo un ejercicio gimnástico sobre la barra fija de tu autoestima.
Cediendo.
Encogiendo.
Pero qué hambre tengo, por dios.

Dukan.
El Conde Dukan.
Vampiro de los adipocitos.
Peste de la celulitis.
Verdugo de un buen chuletón con patatas, joder.
Masajes reductores.
Edermología.
Suprimir el apetito.
Aumentar el metabolismo.
Cuál es mi peso ideal.
Índice de masa corporal.
Terapia hormonal.
Retraso mental.
Calorías.
Utopías.
90-60-90.
Si es que eres de huesos grandes.
Balón intragástrico.
Sería divertido llenarlo de helio.
Tendrías permanentemente la voz de un teletubbie.
Esos si que saben.
Cabrones.
Anchos como armarios.
Admiro su nulo sentido del ridículo
Y su enorme
y gigantesco
culo
de colores.
Con un par.
  
El espárrago
Él,
Porque sólo hay uno.
Me mira amenazante, soberbio.
Tan verde,
Tan fino,
Tan nada.
Desde el plato de mis neuras.
Lo miro,
Lo remiro
Y no hay forma de que ninguno de sus ángulos me convenza.
Se hermana con Un tomate cherry.
Se confabula con Una alcachofa.
Se alía con Una endibia.
Y te dan el golpe de gracia.

Energybolycer.
La teletienda.
Cardio Twister.
Ab Rocket.
Dos millones de gordos empotrados contra la tele a las cinco de la mañana.
Imaginándose esbeltos,
Eyectos.
Potentes como los pseudoactores porno que parpadean en la pantalla.
Si ni te tienes que mover,
Sólo déjate electrocutar por una horda de plástico sinuoso.
Cómo he podido vivir sin la plataforma oscilatoria de vibración?.

Endocrino.
Endorfino.
El alma se me está quedando en los huesos,
El culo, no.
Adelgazamiento por simbiosis.
Por ósmosis inversa.
Qué pereza de terapia.

Y quién se equivoca?,
Quién dicta?,
Quién decide?,
Quién juzga?.



Al final,
Sonrío con la boca relamida,
Con las papilas reventadas de inanición,
Con el rictus marcado por una onza sibilina de chocolate
Y asesino

al espárrago.

RIP.

martes, septiembre 13, 2011

Pecados capitales (VI). Avaricia.



Avaricia.
       (Del lat. avaritia).
1. f. Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas.



Lo confieso:

Te robo desde hace semanas.
Cada noche. Mientras yaces a mi lado.

Desde mi silencio delincuente
escucho cómo vas quedándote dormida.
El suave crujir de tus pulmones,
cediendo,
aflojándose hasta casi desaparecer.
Entonces,
desde la penumbra,
te observo.

Miro tus párpados inmóviles
y me invade el deseo de apoderarme de todo lo que no me dejan ver.
Deseo abrirlos y robarte cada imagen,
cada sueño que no me pertenece
y que escondes para ti misma
en el fondo abisal de tus iris.
De pronto,
algo los cruza.
Una oscilación,
un temblor inaprensible
que sólo acrecienta mi codicia
y desordena mi pulso.

Contemplo tu boca.
Entreabierta.
Hermosamente inconsciente de su textura.
Deslizo mis dedos y la abro un poco más.
Quiero robarte el aliento.
Quiero asaltar tu lengua.
Quiero expoliar las arcas de tu dicción.
Quiero apoderarme de los besos que guardas
para no seguir volviéndome loco.
Me asomo al abismo que se esconde entre tus dientes,
y alli estoy.
Agazapado,
expectante.
Un invasor
con el alma obscenamente erecta.

Despacio, me pongo los guantes blancos del silencio
y saqueo tu piel.
Paseo por las galerías de tus recovecos.
Por el cubismo de tus caderas angulosas.
Por la tersura renacentista de tu ombligo.
Por la turgencia naif de tus nalgas.

Y, cleptómano,
me desato.

Te agitas un poco.
Fascinado, paro y te observo.
Te inflamas,
hasta que todo se calma lentamente,
mientras yo me escurro
en el botín efímero de tenerte un instante dimitida de ti misma.

Lo confieso.
Sí.
Cada noche te asalto.
Culpable, Señoría.
Y cada noche me entrego.
Así que hoy,
otra vez finalizado mi crimen,
me giro
y, contigo aún dormida,
prendo los grilletes pálidos de tus manos en mis muñecas.

Sólo entonces este infractor,
maldita,
duerme. 

miércoles, agosto 31, 2011

Pecados capitales (V). Envidia



Envidia.
       (Del lat. invidia).
2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

(y pidiendo permiso al Señor Lorca)



Verde que te envidio, verde. 
Verde celo. Verde rabia.
Verde estado arrebolado
que me roe en las entrañas.

Con tu Yaguar, con tu Visa,
con tu ingente cuenta bancaria.
Esa enorme ristra de ceros
que no entiende de matemáticas.

Con tus hijos, todos listos.
Con tu mujer, rubia y alta.
Si pienso en mi propia boda,
la fiebre se me desata.

Con tu suegra tan prudente,
calladita y en su casa.
Te la cambio por la mía
que dudo que sea humana.

Con tu casa gigantesca,
tan fina y bien decorada.
Mirando mis muebles de IKEA
sólo maldigo mi estampa.

Este sentimiento hondo.
Este estado de batalla.
Sólo puede solventarse,
rompiendo mi puño en tu cara.

Pero, pronto, me digo a mi mismo:
¿cómo soy yo tan canalla?.
Y al rato me importa un bledo.
Y no hay más conciencia que valga.

Verde que te envidio, verde.
Verde celo. Verde rabia.
Ese accidente doméstico
que preparo para mañana
te dejará frito y pegado
a tus putas y excelsas tostadas.

jueves, agosto 11, 2011

Pecados capitales (IV). Lujuria





Lujuria.
       (Del lat. luxuria).
1. f. Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales.


Ellos aún no lo sabían
Pero las pieles de ambos llevaban hablándose milenios.

Él, entonces, la nombraba.
Tímidamente.
Ella intuía recuerdos vagos de algo ya conocido mientras prendía su nombre desde el paladar
Y él sólo deseaba desnudarse de todo en mitad de aquel sonido emitido por su lengua.

Dedicaban noches enteras a nombrarse.
A devanar la madeja suave de aquel conjuro.
Él dibujaba lentamente una sílaba apenas acentuada sobre el cuello de ella.
Ella se arqueaba
Y bajo aquel terremoto fónico, la piel de uno se iba confundiendo con la del otro.

Se miraban largamente
Y volvían a decirse.

Otra vez.

Enésima vez.

Ella, entonces, tomaba la iniciativa.
Asía con el borde de sus labios el nombre de él y lo alargaba durante horas.
Él, desconcertado primero, se dejaba arrastrar por la marea suave de su dicción.
Y entonces, aún aturdido, la nombraba.
Como un mantra.
Ella lentamente se hacía diptongo sobre el cuerpo de él.
Él dibujaba metáforas sobre la pelvis de ella.
Las voces de ambos se solapaban.

Hasta desatarse.

Se intercambiaban fragmentos fónicos con absoluta devoción.
Él se emborrachaba esdrújulamente de ella.
Ella se hundía más y más en aquellas letras licuantes.
El baile se hacía más frenético
Y lo que había comenzado como un hilo de voz apenas esbozado
Ahora era una oración desquiciada y devota
Donde sus nombres se permutaban infinitamente en un lazo de sintaxis convexa.

Las palabras perdían  su forma.
Se atravesaban sin miramientos.
Se buscaban con hambre.
Todo debía ser dicho.
Todo era dicho.
Una y otra vez.

Hasta que, exhaustos, desembocaban en un delicado silencio.

Entonces, enmudecida, surgía:


La caricia.


Ese instante de vidrio suave
Desconocido por ambos
Y reconocido ahora.
Ese momento de implosión nuclear
Siempre existente
que los definía y los encontraba.
Ese fragmento robado a la Muerte
reverberado desde las yemas del alma
donde nada era dicho
y todo quedaba explicado.

jueves, julio 28, 2011

Cambios y leucocitos





Somos resistentes al cambio.

Tenemos Pánicos sustentados en hipotecas,
Miedos colgados de plazos con interés fijo
y Sociedades Limitantes rigiendo la cúpula administrativa de nuestros sueños.

Hay miedos sujetos a los demasiadomayores,
saltos esquivados mediante arneses de demasiadotardes,
consciencias momificadas por esparadrapos de noserécapaz.

Las excusas son todo un arsenal de inmovilismo
al que suelen unírsele voces ajenas:
Los Tenores del desánimo.
Las Sopranos de la fatalidad.
Los Contraltos de lo imposible.
Los Bajos mentales.

Lo irónico de todo esto es que, todos, estamos deseando cambiar cosas pero, en la mayor parte de las ocasiones, sólo como ejercicio agendístico.
Cambiamos el cambio (irónico..) por un teorema de redundacia formal donde tienen mucha más importancia los prolegómenos que la transformación en si.

Ese, el Cambio, el de verdad
acojona.
Porque requiere, básicamente, dudar.
Y la duda es incómoda.
Mucho.

Asi que nos agarramos a la silla y escogemos deglutir - con cierto asco pero con la calma de la porquería conocida - las palomitas de la contemplación.
En este instante envejecemos un poco más.
Intentamos disfrazar el asunto de comedimiento, de sopesar pros y contras, de analizar consecuentemente los riesgos.
Y seguimos preparando el terreno.
Pormenorizando los pormenores.
Que rueden la gráficas de barras.
Que sí,
Que mañana empiezo.

Que no, coño.
Que no.

Cámbiate.
Haz cesar el ruido de tu pasado hostil e inmovilizador.
Aprende de tu piel,
de tus pulmones,
de tu hígado,
del cosmos de tu cerebro.
Paséate por tus clavículas y baja al abismo de tu propia Vida.
Contempla el mar pulsante de glóbulos y células que barren las orillas de tus arterias.
Ese bosque de conexiones rítmicas,
ese entramado de Vida y Muerte continuos
que no para de cambiar.

Llevas el Cambio en tu propia sangre.
Visualiza la magia de tu propia bioquímica.
Esa lucha constante por mantenerte vivo.
Toma consciencia.
Toma conciencia.

Y Canta.
Y Cambia.
Y Crece.



Imagen: Scientific Illustration. www.scientificillustration.tumblr.​com

jueves, mayo 26, 2011

De Hemingways y San Isidros


La muerte injusta de un animal me disminuye.


Como la de un niño.
Son esos hechos punzantes donde algo en mi se rebela.
No es asumible.
No se procesa.
Simplemente se aparca en doble fila con los intermitentes de la incomprensión y el asco puestos.

Los niños, los animales, las plantas.

Una cohorte de seres vivos sometidos a nuestras decisiones.
¿Porqué tanta belleza es tan frágil?,
¿porqué tanto ente sin capacidad de ser designado con otra palabra los agrede?,
¿dónde radica el placer?,
¿si realizo una resonancia magnética al que, desde el sótano mugriento de su alma, rebusca con sus ojos el linchamiento público de una res, qué encontraré?,
¿grandes deformidades?, ¿tumores infectos?

No.

Sólo materia gris.
La misma que gastamos tú o yo.

Entonces ¿cómo lo explico?,
¿en qué órgano radica la crueldad?
Esa crueldad.
Porque hay crueldades y crueldades.
Aquellas de cursiva obligada porque el peso de lo repugnante vence a los propios fonemas.

Ahora, mientras tecleo cada una de estas palabras, hay un ser inmerso en su última cuenta atrás.
Agazapado en su jaula.
Ocultando su oscuridad preciosa bajo toneladas de miedo.
Notando en el hocico los últimos olores del último verano.

En pocas horas lo reventarán a puyazos.
Le coserán el corazón a golpe de acero.
Se sentirá perdido.
Desorientado.
Infinitamente solo.
Empapado en sudor y sangre.
Sintiendo aterrado el colapso de su cuerpo en mitad de un coro que escupe las últimas palabras de su discurso de tortura.


En mi intento de entender algo de toda esa nada,
me vienen a la cabeza las palabras de Umbral, de Sábada o de Saramago.
“…el crucificado inocente, el ser doliente de la España cínica, es el toro, la vaquilla..." *

Y todo se simplifica.
Y entiendo que no tengo nada que entender.
Simplemente todo se reduce a la ausencia de compasión de unos cuantos que se autodenominan patriotas.
Tan sencillo y demoledor como eso.
COMPASIÓN.

Hay condiciones inherentes para poder ser coche, impuesto sobre las personas físicas, catedral gótica o, en nuestro caso, personas.
Condiciones inherentes e ineludibles.
Algo así como la fórmula ético-química para la viabilidad de lo humano.
La compasión y la empatía son partes básicas de esa fórmula.

No hay hipótesis, no hay posturas que negociar, no hay razonamientos.
Sólo leyes que no llegan, países que no avanzan y coautores de un dolor estéril que acabarán solos.


En realidad ya lo están.


Simplemente no lo saben.




*cita de Francisco Umbral

viernes, abril 01, 2011

Afonías



Se nos va la fuerza por la boca
Abrimos las fauces para no parar de demostrar lo mucho que sabemos en discusiones provocadas como una erupción.
Y si no discutimos, discutimos por el hecho de no discutir.

Despotricamos con morales sumergidas contra crisis inversas.
Nos hemos hecho expertos en todo tipo de Estupideces 2.0.
Gilipolleces.xls
Anormalidades.doc
Conversacionesdepatio.exe
Archivos inacabables para justificar una conversación donde tengamos la última palabra.
Decir la última frase
Qué placer
Tenemos una naturaleza aceitosa e impermeable donde nadie escucha.
Hablamos
Y hablamos
Ese momento ilusorio donde parece que uno de los interlocutores se suma en un demócrata silencio, no es sino un golpe de estado mudo mientras busca una contrarréplica desesperada.
El primer emisor de aire lanza cualquier documento que sume al receptor de dióxido de carbono en la ignorancia.
El receptor de dióxido de carbono, algo aturdido por la acción gaseadora, guarda en la recámara una brizna de queroseno esdrújulo que desmantela el endecasílabo hueco del de enfrente.
No hay contenido,
Sólo una mascletá de obviedades.

Hablar
Circunvalar
Balbucerar
Cotorrear
Ladrar
Soltar e ingerir aire
Decomisar la palabra y arrastrarla al abismo de la batalla dialéctica.
Idiotas
Un planeta dominado por imbéciles que,
Eso sí,
Seguiremos hablando.

martes, febrero 01, 2011

Absolución


Escoge a un hombre
El más desalmado
El peor de todos
El que haya cometido los crímenes más terribles
Y mátalo
Haz justicia por toda la belleza que haya destruido entre sus infectas manos
Despedázale lentamente para que sienta el más sublime de los dolores
Arráncale el alma y dásela de comer a tus fieras

Ahora,
Escoge ese mismo hombre
Y ve hacia atrás
Atraviesa su basura
Cruza el fango de lo que es
Ábrete paso entre su estupidez
Transita hasta su juventud
Su adolescencia
Retrocede más aún
Llega a ese instante
Donde apenas es un niño
Y ralentiza tu mirada
Mira
Observa como juega
Como se acerca a todo con infinita curiosidad
Como es un perfecto universo lleno de todo

Somos las piezas del caleidoscopio que miramos en ese instante de luz.
Sólo queremos volver a esos ojos enormes
Que no entendían de significados ocultos.
No hay significados ocultos
Sólo Vida.

Quiero preservar ese instante
Esos nuestros instantes donde todos y cada uno de nosotros fuimos perfectos y hermosos
Donde todo era posible y nuevo
Quiero guardar esas imágenes rodadas en 8 mm
Y perdonarnos a todos
Y perdonarme a mí.

martes, diciembre 28, 2010

Pecados capitales (III). Soberbia



Soberbia.
       (Del lat. superbia).
1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.
2. f. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.


Es sencillo.
Humíllale
Demuestra que eres mejor que él
El motivo no tiene importancia
Defiende tu puesto
Aprieta el claxon
Insulta
Atemoriza
Castiga
Posees la razón
Toda.
Hazte político
O bloggero convencido y convincente
Pero qué preciosidad de sitio has creado
Cuenta tus fans
Prescríbete su recuento en tomas de 8 en 8 horas
Hazte jefe
El Jefe
Hazte víctima de un mundo que conspira contra ti
Siéntete solo
Orgullosamente solo
Endogámico
Egogámico
Pero cómo molas tío
Hazte amigo con derecho a todo
Disimula
Shh
Que no se note que no estás escuchando nada de lo que el otro dice
Esas convicciones que no decaigan
Te ha costado mucho llegar hasta aquí
Y tú
Precioso tú
No le debes nada a nadie
Cumplidor
Campeón, que eres un campeón
Conduce rápido
No cuentes con nadie porque nadie puede entenderte
Eres generador y usuario de un código exclusivo e intraducible pero que te abre todas las verdades de este rendido y equivocado universo
Si hubieran contado contigo para generarlo
Envuélvete en rencor
En todo el que puedas
Lo merecen, vaya si lo merecen esos hijos de puta
Todos
Ellos son los malos
Tú eres el bueno
Qué manía de no querer entender algo tan simple
Sube el mentón,
Así
Alto
Acumula datos de otros
Pero que no se enteren
Que siempre parezcan ideas tuyas
En realidad, son ideas tuyas
Humíllale, vamos
Es una receta sencilla que sólo requiere un golpe
Si es por su bien
El resto es pan comido
No existen las dudas o los matices
Simplemente tú lo haces mejor que cualquiera
Por eso nadie puede seguirte
Por eso nadie es
Déjate llevar por la cadencia suave de los desprecios
De los silencios
De las órdenes
De la Justicia más sublime que es la de tu superior inteligencia
Vacía tu mente de daños
Mastúrbate la conciencia hasta que reviente
Y corre,
corre
corre sin tregua porque el Miedo, gilipollas, te pisa los talones…

jueves, diciembre 02, 2010

Pecados capitales (II). Pereza


Pereza.
       ( Del lat. acedia, accidia, pigritia)
        1. f. Negligencia, tedio o descuido en realizar acciones, movimientos o trabajos


En los VIPS las Molesquine están agotadas.
Hay que planificar cuidadosamente.
Agendar tus nuevos 365 días.
¿Tienes ya el kit completo?
Fácil.
Comienza con un bolígrafo de diseño que ronronee sobre la virginal página del primer día del año.
Elabora tu lista.
Haz la letra pulcra.
Despacito, despacito.
Que no se nos olvide nada.
Puedes empezar con un régimen espartano donde tus adipocitos se desdigan de dos toneladas de turrón. Ya sabes, la piel que se repliega, el alma que se tensa, la talla que nos encaja.
Volver a las 34 con 43. La preciosa meta de entrar en el traje de nuestra Comunión.
Y hacerla.
Otra vez.

Segunda línea.
Tabaco.
Chupa con avidez obscena la última colilla de tus tres cajetillas de Nochevieja. El primer anuncio de la tele es sobre un cáncer terminal. Visualiza tus pulmones sonrosados regados por sangre limpia.
Así.
Batirás récords alpinos.
Nada de humos tóxicos. Te comerás una napolitana de silencio con tu pareja tras el coito nº33.
Por dónde íbamos.
Que no se nos escape nada.
Este es el año.
Futuro pluscuamperfecto de Decisivo.
La madre de todos los cambios.
La nuestra.


Tercera línea.
Puto jefe.
Planifica una muerte lenta y dolorosa. Haz un curso de marketing inverso. Aparentemente vas a entregarle unos informes y entonces sueltas todo lo tragado años a. Que se entere. Una vomitera obrera que le ahogue. Vivir de pie y no morir de rodillas. Luego sigo con los informes, Sr. Blasco, pero ahora quiero mi minuto de gloria. Faltaría.


Cuarto.
Aprende chino mandarín y monta un restaurante autóctono.
Hablarás con los clientes mientras les ofreces su propio bazo con almendras. O el tuyo.
Cocina creativa para antropófagos.
Qué delirio, qué emoción desbordada.
Planifica febrero.
14 de marzo, 25 de abril, 12 de mayo a las 14:35.
Más, más
Puedes ser mucho más preciso.
Programar una serie de estornudos fraccionados en milisegundos.
o una cadena de pestañeos coordinada con tu divorcio en carcajada discontinua a las 16:34.
Orden.
Disciplina.
Cambio.
Constancia.
Evolución.
Perfección.
Sublimación.
...
mañana empiezo


Ilustración: mis siguientes escarceos con Photoshop...

martes, noviembre 09, 2010

Pecados Capitales (I). Ira


Ira.
       (Del lat. ira).
1. f. Pasión del alma, que causa indignación y enojo.
2. f. Apetito o deseo de venganza.

Cerdo.
A veces fantaseo con tu muerte.
Aún duermes y estoy preparando el desayuno.
En la contención de mis gestos, en el lento devenir de tazas, supongo un universo donde no respires, no comas, no duermas, no mees, no defeques, no nada.
En ese espacio paralelo limpio pulcramente cada marca.
Higienizo mi crimen.
Desinfecto mi conciencia.
Hago las llamadas de rigor.
Ordeno tus cosas y dispongo todo lo necesario.

Todos van llegando.
Entran en el tanatorio y velan el ataúd donde tu palidez cierra los ojos ante un auditorio contenido y casi fantasmal.
Estrecho una mano blanda a manos reptilescas.
Un amigo de la infancia te mira desconcertado.
Tu exmujer se enclava en un rincón discreto y cruzamos una mirada fugaz.
Tu padre camina compulsivamente.
Tu madre cabecea con los ojos enrojecidos mientras tu hermana mayor la abraza.
Yo, en una esquina, guardo todos nuestros secretos mientras tenso suavemente el tejido negro de mis pantalones.
Sonrío.
Te miro y me invade una súbita necesidad de hacerte arder.
Eres el único testigo de todos mis fracasos.
Divago.
Ante la mirada atónita de todos me encaramo en la caja y beso tu boca helada arrastrándote el labio inferior entre mis dientes.
Lo tenso hasta que se parte.
No sangras.
La carne se abre indiferente y limpia mientras te saboreo.

Te introducen en el coche fúnebre y los presentes iniciamos la comitiva de coches.
Conduzco despacio.
Intuyo tus pies helados frente al volante y una sensación de ser yo el cadáver se instala momentáneamente en el habitáculo.
Un ataúd siguiendo a otro.

Los operarios abren la fosa.
El olor dulce de los cipreses.
El aire limpio.
Las conversaciones en voz baja surcadas por los sollozos de algunos.
Sellan tu lápida y todos iniciamos el camino de vuelta.
Una suerte de libertad cubre todos mis movimientos.
Conduzco hasta casa y desayuno con toda la calma del mundo una venganza recalentada que ni mastico.
…
¿Tostadas, cariño?

Ilustración: empiezo mi contacto con el Photoshop