sábado, junio 23, 2007

Certeza primera: exogamia


Dónde estarás
esperando arrancarme esta no-yo con tus manos nuevas.
Dónde estaré
aquí
borracha
con la boca anegada de saliva que de no compartida se me ha quedado estanca.

Solo pronuncia el hechizo de mi nombre
sólo dime
desdíceme
enséñame
ríeme
vuélame.

Deshacer la madeja de tu silencio y tejer con mi lengua un jersey donde pasearnos una mañana fría de invierno.
Vestirnos con la lana suave de las no-palabras mientras todos los amantes duermen.
O saborearte
a todo tú
envuelto en pulpas multicolores
cuando el verano asfixie mi sonrisa
y esta sed se diluya bajo tu sombra.

Donde estarás
con tu olor desconocido que solo signifique Casa
con tus iris gemelos
con tu piel llena de viajes pendientes
con tu pánico
con tus cicatrices
contigo
tú.


y yo dimitida.

Y yo entera.

Derramarnos amor
mayúsculo
minúsculo
esdrújulo, llano y agudo.
Andándolo de puntillas sobre un guiño
o batiéndonos con violencia en una cópula invasora.

Solo déjame deletrearte
En mitad de una playa desierta
En mitad de un bocado
En mitad de un libro
En mitad de un sorbo
En mitad de la Música
En mitad del llanto
En mitad del abismo
En mitad de una carcajada que reviente el Mundo.


porque en el epicentro de tu miedo, que es el mío, quiero lamer tu caos siempre.



En las pupilas: luz y Chagall.El cumpleaños
En los oídos: Madonna.Cherish

martes, junio 05, 2007

Nos vemos...

Los retazos de suelo firme que quedaban bajo mis pies se han esfumado.

Es lo que suele ocurrir con las cosas que no se cuidan, que no se velan.
Bastó una llamada de teléfono inconexa en realidad a cualquiera de mis fronteras, para que los pequeños e hilvanados fragmentos que me sostienen se deshicieran lentos y silenciosos.
Anoche, al otro lado del auricular escuchaba consciente del giro apocalíptico que aquellas palabras darían dentro de mí.
En realidad nada me dijeron, nada que pudiera hacerme daño, nada directo hacia mi persona, pero fué la llave maestra que puso en marcha un mecanismo al que solo le faltaba una vuelta más de tuerca. El aleteo inofensivo de una tenue mariposa provocando huracanes en el meridiano contrario.
Así de sencillo.

En realidad las grandes catástrofes no se fraguan con inmediatez sino que en su infinita mayoría son el fruto de esa pequeñas decisiones nunca tomadas. Aquellas cuya exclusión nos hace relajarnos engañosamente como quien hace novillos en la escuela pero que vamos acumulando en los desvanes del alma. Allí permanecen, quedas, inmóviles, hasta que su naturaleza de cadáver las hace flotar y salen. A miles.
Una masa ingente que ya no puede desglosarse sino que amenaza unitaria tus defensas.
Es esa suerte de decisiones constantes, de pequeñas valentías, de osadías casi inapreciables las que fraguan los grandes caracteres.
Pero somos así de magnificentemente erróneos.
Nos llenamos la boca con planes quinquenales cuando, en realidad, lo que nos aterroriza es comprar una simple barra de pan en la tienda de la esquina.

Y siento una suerte de fracaso casi cósmico e intangible en todo lo que ha formado mi vida hasta ahora. El denso vértigo de quien ciertamente se ha perdido del todo.

Una vez pensé que esta habitación iba a ser un buen lugar para encontrarme, desencontrarme y comprender lo enriquecedor que sería abandonar la opacidad asfixiante de una jaula para convertirla en un espacio donde las paredes solo fueran una excusa para decirnos. Pero probablemente solo me haya envilecido en mi mampostería de esdrújulas políticamente correctas. Nada más.
Le tengo un inmenso cariño a este escondite. Un sitio donde habéis ido cayendo de manera pequeña y cuidada. Ese ha sido el verdadero valor de este rincón: el mimo de sus escasos visitantes. Gentes que se pueden contar con pocos dedos y que siempre pasaron de puntillas. Gracias. Sobre todo, gracias por la paciencia de seguir volviendo una y otra vez aquí aún cuando mis publicaciones se iban espaciando cada vez más y más en el tiempo.
Aún así habéis llenado mis paredes con vuestros alientos, anónimos o tangibles, pero siempre miméticos. Y esa unidad que se conseguía entre mis palabras y las vuestras a resultaba, por momentos, milagrosa.

Hoy, contemplo las paredes de mi traslúcido escondite y las veo tristes, discontinuas.
Las veo esperarme a que las dibuje de nuevo, desesperadas ante mi creciente mudez. Como casi todo en mí. Expectante, quedo, confuso.

Hoy no hay imagen. No la necesitan estas palabras. Hoy apenas me quedan retórica y filtros.
Me marcho. Me marcho buscando desesperadamente una certeza. Y estaré deseando volver para enseñárosla…


Suena Evanescence.Hello